Mitos I (Seguridad laboral)

por Corrás

Hay leyendas que a fuerza de repetirse, acaban calando con fuerza, por ridículas y desnortadas que puedan ser. Empezaré la serie por un clásico: El trabajador y su afán por matarse.

Al parecer si obreros y operarios pierden o dañan partes de su cuerpo, incluso el pellejo completo es por una conjunción de ignorancia, resistencia al aprendizaje en materias de seguridad laboral y tozuded malsana.

los empresarios y sus empresas ponen esfuerzos  y material a disposición de sus trabajadores para minimizar los accidentes y estos se empeñan sistemáticamente  en rechazar el equipamiento de seguridad en aras de una mayor libertad de movimientos y una mayor comodidad en el desempeño de sus funciones.

No hace falta ser un tarado para creer semejante gilipollez, a fin de cuentas estos mitos (seguridad laboral, cobrar paro y trabajar, discriminacion positiva, ayudas sociales, integración, libertades, etc…) se refuerzan sistemáticamente en cualquier foro donde se genere una tertulia entre un político, un ama de casa, una maricona, un facha, un rojeras y la madre que los parió.

La única realidad objetiva es que cualquier legislación sólo es valorable y discutible después de su aplicación y en España sistemáticamente las leyes entran en vigor pero no se aplican, no hay nadie encargado de llevar a cabo esa labor.

Existe una legislación en materia de seguridad laboral, pero no inspectores, inspecciones, ni sanciones a las empresas acordes a los incumplimientos. Así, en los pocos casos en los que las empresas cumplen a rajatabla con su parte proporcionando toda la equipación necesaria, les procupa poco que tres o cuatro (base del mito) no utilicen ese material de seguridad.

Un estado fascista sabe emplear la mano dura sancionando, recortando sueldos y libertades a la clase trabajadora por eso las multas son lineales y siempre se perjudica más a las rentas más bajas, pero se hace la vista gorda con las rentas altas, con los empresarios y su ganado.

Obviamente si un empresario no consiente que sus trabajadores tomen riesgos innecesarios, da igual lo que opine el trabajador. El peso en esta balanza está de su lado.