{"id":690,"date":"2010-12-08T12:05:15","date_gmt":"2010-12-08T11:05:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.corras.com\/?p=690"},"modified":"2010-12-09T21:50:10","modified_gmt":"2010-12-09T20:50:10","slug":"reagan-y-los-controladores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.corras.com\/?p=690","title":{"rendered":"Reagan y los controladores"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en El Pa\u00eds, el 8 de\u00a0agosto de 1981<\/p>\n<blockquote>\n<p>EL CONFLICTO entre el presidente Reagan y los controladores a\u00e9reos en huelga en Estados Unidos puede tener consecuencias graves. Reagan no s\u00f3lo contin\u00faa el esp\u00edritu del capitalismo conservador, que ha procurado siempre restringir y limitar el derecho de huelga (por la v\u00eda de cualquiera de los dos partidos que se turnan en el poder) y lo ti\u00f1e con su especial estilo de rudeza e intransigencia, sino que esta vez tiene la convicci\u00f3n de que la opini\u00f3n p\u00fablica va a estar a su lado. Hay ciertos cuerpos que, teniendo razones o motivos para considerarse insatisfechos con las condiciones de su trabajo, no consiguen nunca ser considerados como v\u00edctimas, porque esos salarios, horarios y tensiones que ellos denuncian como insuficientes parecen privilegiados a otros sectores laborales; pero adem\u00e1s existe en la sociedad la noci\u00f3n de su propio perjuicio. Las autoridades que forman el grueso patronal ahondan siempre en este perjuicio Colectivo; en este caso, las compa\u00f1\u00edas a\u00e9reas, los t\u00e9cnicos del Estado y los grupos de capital afines explican que el problema no es s\u00f3lo el de las perturbaciones actuales en el tr\u00e1nsito a\u00e9reo, sino en el futuro: las anormalidades pueden durar a\u00f1os.<\/p>\n<p><!--more-->Es evidente que el sentido de las huelgas ha cambiado mucho desde los tiempos de Roller o de Georges Sorel; como ha cambiado mucho la composici\u00f3n de las sociedades. Las huelgas part\u00edan desde la desesperaci\u00f3n proletaria, que se lanzaba a ellas desde un sufrimiento aceptado (desde la suspensi\u00f3n de salarios hasta los muertos, heridos y encarcelados por la represi\u00f3n, pasando por los riesgos del <em>lock-ou<\/em>t y del despido individual o colectivo) para salir de una situaci\u00f3n insoportable. Iban dirigidas contra los patronos y los gobiernos patronales y alcanzaban a las clases superiores de la sociedad. Es incontrovertible el hecho de que la inmensa mayor\u00eda de las ventajas sociales conseguidas en el \u00faltimo siglo por las clases obreras ha sido arrancada por las huelgas. Esas mismas ventajas sociales han llegado, en el mundo occidental, a una nueva mezcla social en la que el n\u00famero de consumidores y utilizadores de servicios no se limita ya a una clase social privilegiada: los perjuicios de la huelga alcanzan a todos. A ello contribuye la complejidad t\u00e9cnico-econ\u00f3mica de la sociedad actual, en la, que el paro de un sector a veces minoritario -los controladores a\u00e9reos de Estados Unidos no llegan a 14.000- percute seriamente sobre sectores y personas <em>inocentes.<\/em><\/p>\n<p>El principio de la huelga como lucha entre proletarios y patronales tuvo m\u00e1s tarde un desarrollo de lenguaje, de medio de expresi\u00f3n -como consecuencia de la evoluci\u00f3n social- en el que los huelguistas utilizaban ya como intermediario al p\u00fablico, al consumidor: su acto y las molestias o perjuicios que causaban. estaban destinados a llamar la atenci\u00f3n sobre una situaci\u00f3n de injusticia y a reclamar la solidaridad de todos y su ayuda en forma de presi\u00f3n, es decir, a culpabilizar al sector patronal. Este objetivo cada vez se consigue menos. Los medios de opini\u00f3n y propaganda est\u00e1n mayoritariamente en manos del capital y no del trabajo; la conciencia pol\u00edtica se ha abotagado, y lo que la sociedad suele percibir es el perjuicio directo y el instinto primario de culpar a quienes lo producen en lugar inmediato. Los sindicalistas no dejan de examinar estos aspectos de las huelgas, e incluso tienen ya en cuenta en cuanto pueden la posibilidad de eliminar o disminuir los efectos sobre el p\u00fablico conservando su efecto de sanci\u00f3n econ\u00f3mica al patrono -privado o estatal-, e incluso tratando de contenerlas lo m\u00e1s posible en beneficio de una situaci\u00f3ngeneral, como puede ser un da\u00f1o irreparable para la econom\u00eda del pa\u00eds. Pero hasta ahora la huelga sigue siendo un instrumento legal irrenunciable en tanto no se descubran otros suficientes para llevar las relaciones laborales a un sentido de justicia.<\/p>\n<p>Reagan se apoya sobre esta impopularidad de las huelgas -y, concretamente, de esta huelga-, hasta el punto de que no vacila en comprometer en ella la propia autoridad del presidente en lugar de dejarla en manos de autoridades secundarias. Si la puede doblegar sin grave da\u00f1o, conseguir\u00e1 un \u00e9xito de popularidad importante. Pero no es seguro. Hay siempre un punto en el que la opini\u00f3n p\u00fablica puede cambiar: si llega a considerar que la dureza presidencial va m\u00e1s all\u00e1 de lo sensato o que hay una culpabilidad en el no mantenimiento de las negociaciones. Sobre todo, si llega a percibir que el presidente deja pasar oportunidades de soluci\u00f3n con el fin de fortalecer su propia imagen. Un presidente del tipo de Reagan se juega la popularidad a diario: se la est\u00e1 jugando en estos momentos. Su oportunidad de ganar la huelga a los controladores est\u00e1 en hacerles volver al trabajo (la coacci\u00f3n del despido ha producido hasta ahora una respuesta escasa: apenas un, 3 %) o en encontrar r\u00e1pidamente mecanismos de sustituci\u00f3n que hagan comprender a los controladores que no son tan imprescindibles como creen. El tiempo que pase sin soluci\u00f3n actuar\u00e1 contra \u00e9l. Porque en la opini\u00f3n p\u00fablica est\u00e1 tambi\u00e9n la noci\u00f3n de que si el conflicto la afecta demasiado no puede vengarse directamente del sector en paro, de los controladores; pero s\u00ed de un presidente, de un partido o de unos congresistas que viven de sus votos.<\/p>\n<\/blockquote>\n<div class=\"al2fb_like_button\"><div id=\"fb-root\"><\/div><script type=\"text\/javascript\">\n(function(d, s, id) {\n  var js, fjs = d.getElementsByTagName(s)[0];\n  if (d.getElementById(id)) return;\n  js = d.createElement(s); js.id = id;\n  js.src = \"\/\/connect.facebook.net\/en_US\/all.js#xfbml=1&appId=209820615708840\";\n  fjs.parentNode.insertBefore(js, fjs);\n}(document, \"script\", \"facebook-jssdk\"));\n<\/script>\n<fb:like href=\"https:\/\/www.corras.com\/?p=690\" layout=\"standard\" show_faces=\"true\" share=\"false\" width=\"450\" action=\"like\" font=\"arial\" colorscheme=\"light\" ref=\"AL2FB\"><\/fb:like><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Pa\u00eds, el 8 de\u00a0agosto de 1981 EL CONFLICTO entre el presidente Reagan y los controladores a\u00e9reos en huelga en Estados Unidos puede tener consecuencias graves. 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